el papel de los mitos en la conquista hispana de América (I)

Cuando se habla de la interferencia mitológica en la mentalidad de aquellos navegantes hay que pensar qué función desempeñaban los mitos, entendidos en su concepto actual,  en su cosmovisión. Los conquistadores iban a América a encontrar la visión de lugares míticos en los cuales se sitúan algunas de las figuras de su propio universo imaginario y colectivo: la isla de las mujeres, la fuente de la perenne juventud, las ciudades hechas con metales preciosos, etc. Todos ellos se dejaron deslumbrar por espejismos muy importantes, una alucinación colectiva de siglos de tradición en la cual la mitología clásica desempeñó un papel muy destacable, cosa que nos muestra la pervivencia de la cultura grecolatina en el mundo moderno.

Así, Alexander von Humboldt defendió la idea de que estos mitos fueron un error de óptica por parte de los europeos basado en la tendencia de los escritores renacentistas “a buscar en los nuevos nuevamente descubiertos todo lo que los griegos nos han enseñado sobre la primera edad del mundo y sobre las costumbres de los bárbaros escitas y africanos”.

El mito del buen salvaje suele encontrase enfocado hacia el pasado, y suele ser un buen exponente del primitivismo. En la cultura occidental, siempre que se ha usado el mito del buen salvaje ha sido practicando algún tipo de comparatismo; un comparatismo que ponía  el acento en el primitivismo y no en el progresismo. Esta comparación, en una consideración antropológica se basa en la concepción del “otro”, que se diferencia del “yo” o del “nosotros” con una connotación habitualmente de inferioridad.

Pero el mito del buen salvaje acostumbra a aparecer en momentos de crisis globales de la sociedad, de fuerte pesimismo y de la incertidumbre del futuro. Así, la búsqueda de nuevos territorios ricos y prósperos en ultramar, las geografías míticas, supone también las ansias de encontrar una sociedad primitiva en harmonía con la naturaleza que responda a ese mito del buen salvaje.

Las geografías míticas inciden fuertemente en el imaginario colectivo de las poblaciones des de la Antigüedad, pero sobretodo, y con mucha más intensidad, a partir de los siglos XIV-XV. Éstas, mantienen despierto el deseo de una alternativa a la vida en una sociedad que cada vez aparecía más como una sociedad cerrada y con un modelo ya agotado:

“Asumiendo el espacio físico, real, en el espacio mental, imaginado, deseado, las geografías míticas, mediante un seguido de imágenes de tipo paradisíaco y natauralista, ofrecían, sobretodo en términos geográficos y vegetales, un tipo de alternativa global a la sociedad europea, sometida como se encontraba a un seguido de disfunciones, en una atmósfera marcada por el pesimismo y la desorientación (…)”.

Así, en la situación de crisis cultural que padecía la Europa de finales del siglo XV, el encuentro de los europeos con los nuevos territorios que pasarán a denominarse “América” fue idóneo para la ubicación del mito del buen salvaje y de las geografías míticas.

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